Los estudios para determinar la vida útil de un producto son
fundamentales para evaluar cómo afectan los procesos de producción en su
estabilidad
De Revista EROSKI CONSUMER, 26 de agosto de 2010
La vida útil de un alimento es el periodo de tiempo en el que,
con unas circunstancias definidas, el producto mantiene unos parámetros
de calidad específicos. El concepto de calidad engloba aspectos
organolépticos o sensoriales, como el sabor o el olor, nutricionales,
como el contenido de nutrientes, o higiénico-sanitarios, relacionados de
forma directa con el nivel de seguridad alimentaria. Estos aspectos
hacen referencia a los distintos procesos de deterioro: físicos,
químicos y microbiológicos, de tal manera que en el momento en el que
alguno de los parámetros de calidad se considera inaceptable, el
producto habrá llegado al fin de su vida útil. En la actualidad, se han
desarrollado nuevas herramientas, como la microbiología predictiva, para
estudiar la respuesta de crecimiento de microorganismos frente a los
factores que afectan al alimento y poder predecir qué ocurrirá durante
su almacenamiento.
La mayor o menor vida útil del producto depende de la naturaleza del
alimento en sí, pero también de otros factores como los procesos de
higienización y de conservación a los que se someta, el envasado y las
condiciones de almacenamiento, como la temperatura y la humedad. La vida
útil se establece tras someter el alimento a condiciones controladas de
almacenamiento en alimentos frescos de vida corta, como los pescados y
mariscos, o, en el caso de productos muy estables, mediante procesos de
deterioro acelerado. Los datos que se obtienen se extrapolan después
para elaborar predicciones en situaciones reales de conservación. En
ocasiones, se pueden realizar valoraciones de la vida útil de un
alimento con modelos matemáticos que evalúan la tasa de crecimiento y
muerte microbiana en el producto.
Análisis de la vida útil
Los estudios de determinación de la vida útil son fundamentales en el
sector alimentario. Se recurre a ellos para lanzar un nuevo producto y
para evaluar cómo afectan los cambios de procesos de producción o las
reformulaciones en la estabilidad de alimentos ya consumidos. Estos
estudios, basados en procedimientos científicos, deben adaptarse a cada
producto concreto para determinar los cambios que experimenta durante su
conservación y que influyen en su calidad. Para la evaluación, se
tienen en cuenta tanto los límites de calidad que fija el consumidor
como la normativa específica del alimento.
Respecto a los criterios microbiológicos aplicables, los responsables de
empresas alimentarias deberán realizar estos estudios para investigar
su adecuación en toda la vida útil del producto, sobre todo, en los
alimentos listos para el consumo, que puedan permitir el desarrollo de
Listeria monocytogenes y pongan en peligro la seguridad alimentaria del
producto.
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