| ¿CÓMO EVALUAR EL RIESGO DE LOS CONTAMINANTES QUÍMICOS EMERGENTES EN LOS ALIMENTOS? |
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Fuente: Marie T. Benkinney, Revista Food Safety Feb-Marzo 2008 Los contaminantes químicos emergentes están asociados con un amplio rango de asuntos medio ambientales que se traslapan. Los responsables de la inocuidad alimentaria enfrentan una matriz compleja de retos para identificar, caracterizar, prevenir y afrontar los riesgos asociados como los químicos emergentes de manera efectiva. En la industria alimentaria estos contaminantes o potenciales contaminantes afectan cada aspecto de la cadena de suministro de alimentos, desde cada uno de los ingredientes que se incorporan en el producto, que se usan en la fabricación de un producto, o que se usan en la fabricación de cualquier ingrediente que ingresa al producto. Sin embargo, conforme los consumidores se vuelven mas participativos al cuestionar los químicos o residuos químicos que están contenidos en los productos que ellos consumen, y conforme las autoridades regulatorias consideran cambios en las reglas o estándares relacionados a los materiales que las empresas pueden usar en los alimentos o como ayuda en el procesamiento de alimentos, el imperativo de la industria es mantenerse proactiva en la evaluación de riesgos de químicos emergentes. Hasta cierto nivel, es imposible desarrollar una lista exhaustiva de químicos que la industria de alimentos debe poner atención, dadas las complejidades medioambientales, agrícolas, composición química de los alimentos, cadena de abastecimiento y factores regulatorios. Sin embargo, el mantenerse actualizado en nuevas investigaciones sobre salud pública, datos de incidencias, iniciativas regulatorias, y métodos avanzados de análisis y control, le permitirá a la industria de alimentos tomar decisiones más informadas acerca de qué contaminantes ponen en riesgo sus negocios y cómo pueden mitigar o afrontar esos riesgos de manera exitosa. DEFINIENDO A LOS CONTAMINANTES QUÍMICOS EMERGENTES A la fecha, los gobiernos y autoridades de proceso a nivel mundial están concentrando esfuerzos en determinar las implicancias toxicológicas de la exposición humana tanto a contaminantes conocidos como aquellos recientemente identificados, desarrollando estándares para métodos y niveles de detección, identificando estrategias de prevención y manejo para la industria, y estableciendo normas regulatorias o legislativas apropiadas como fuera necesario. ¿Pero de qué es lo que realmente están hablando? La agencia de investigación geológica de los EEUU (USGS por sus siglas en inglés), define a los contaminantes químicos emergentes como “cualquier químico, natural o sintético que se presente o cualquier microorganismo que no es normalmente monitoreado en el medio ambiente pero que tiene el potencial de ingresar al medio ambiente y causar un efecto adverso conocido o presumido a la ecología y/o al ser humano.” Haciendo referencia a la definición de la USGS, los químicos emergentes se vuelven problemas potenciales conocidos de diversas maneras. Primero, con avances en la detención analítica, la industria es capaz de analizar más químicos a menores concentraciones, dando como resultado un aparente listado sinfín de compuestos identificados, conocidos hasta la fecha, que deben ser atendidos. Se sabe que los contaminantes químicos que representan un riesgo van desde pesticidas, drogas veterinarias, micotoxinas, colorantes prohibidos, químicos industriales (Ej. acrilamidas, percloratos, benceno), radionucleótidos medio ambientales y metales pesados (Ej. arsénico, cadmio, plomo, mercurio, metilmercurio) y contaminantes orgánicos persistentes (Ej. éteres difenil polibrominato, dioxinas, hidrocarburos aromáticos policíclicos). La habilidad para detectar y medir más químicos a niveles extremadamente bajos en el medio ambiente, alimento o matrices acuáticas, no sólo se adiciona a la lista de amenazas potenciales sino que se adiciona a la complejidad de descifrar si un químico en realidad debe medirse en niveles de partes por billón o trillón (ppb/ppt) en lugar de partes por millón (ppm), por las implicancias en la salud de los consumidores. Otra razón menos objetiva de que algunos contaminantes químicos se han vuelto peligros potenciales para la industria, tiene que ver en cómo el público percibe la inocuidad e integridad del producto, si es que el problema que presentan tiene una implicancia real o no en la salud. Si un producto contiene algún nivel de arsénico, puede que esto no interese al consumidor siempre que esté por debajo del límite crítico o esté científicamente demostrado que no es muy significativo dado que ese compuesto tiene un respaldo histórico asociado con efectos adversos para la salud. Pero en la realidad es que en muchos casos la percepción del público sobre un producto viene del hecho de cómo el producto es diseñado o rediseñado más que de hechos científicos o evidencia contraria. Las empresas de alimentos necesitarán incluir el factor “problema real vs. problema fantasma” en sus estrategias de evaluación del riesgo. FUENTES DE QUÍMICOS EMERGENTES En la actualidad, se están realizando más estudios en EEUU y la CE que involucran el análisis químico de tejidos humanos, sangre y leche materna. Conforme los investigadores encuentran residuos químicos en estas muestras clínicas, la pregunta que salta es, de dónde vienen y cuál es su significancia toxicología. En otras palabras, cuando se evalúa un compuesto en el laboratorio y se encuentra que es altamente tóxico, persistente o que no se degrada fácilmente, cómo puede esto trasladarse a implicancias para la salud fuera del ambiente del laboratorio. En general, las áreas que actualmente reciben un gran énfasis por la industria de alimentos y otras industrias, incluyen residuos agrícolas, aditivos/colorantes/saborizantes, impurezas, procesos de fabricación, fuentes de agua y empaques. Muchas industrias han comenzado a observar varias amenazas químicas a su sector de negocio, incluyendo metales pesados en colorantes u otros tipo de plastificantes o hidrocarburos, encontrados en las fuentes de agua o material de empaque. Aunque esos químicos son usados en muy pequeñas cantidades, el hecho que sus aplicaciones atraviesan un sinnúmero de sectores de fabricación, hace que estos se detecten vía biomonitoreo en plantas de tratamiento de agua o a través de la evaluación de productos. Las impurezas son otro gran problema bajo el abanico de químicos emergentes. Éstas representan a la “zona gris”, no sólo en términos de identificar la fuente del problema emergente sino en el conocer si una impureza específica carga consigo implicancias para la salud. Esto va al corazón de conocer la composición de un producto, porque aún cuando el fabricante pueda conocer qué materiales se pusieron en el producto, la compañía no necesariamente está buscando “que otras cosas” hay en ese producto, y de ahí el problema de la “zona gris”. Adicionalmente, un fabricante de productos alimenticios no necesariamente sabe cuánto de una impureza está en la zona gris, qué categoría o nivel de impureza representa, o aún más si esta impureza tiene algún atributo deseable. Desde que muchos organismos no gubernamentales (ONGs) y reguladores están supervisando la implementación de los requerimientos de la Prop 65 en California, la cuál tiene como objetivo “las impurezas”, muchas compañías están observando con mayor detenimiento cuánto realmente saben sobre los materiales que utilizan sus productos. De manera similar, se ha empezado ha observar que muchas hojas de seguridad (MSDS) que se entregan a clientes posteriores a la cadena, por proveedores de ingredientes y materias primas, que hacen declaraciones de cumplimiento según la Prop 65 como, “Este producto puede contener ….”, seguido de una larga lista de químicos orgánicos, metales, químicos productos del procesamiento, etc que pueden indemnizar a los proveedores, resultando en otra escala de problemas y preguntas del proveedor de ingredientes a la planta procesadora, que ahora sabe que una larga lista de químicos pueden estar también en el producto final. En retorno, se alza un espectro sobre qué niveles de esas impurezas están en el producto así como preguntas sobre a qué puede exponerse el consumidor al ingerir el producto. Otros problemas en químicos emergentes que se deben considerar por el análisis de riesgo de una empresa de alimentos son aquellos asociados con las fuentes de agua y empaques. Aún cuando el procesador utilice el agua como ingrediente de su proceso o en el proceso productivo, existe la posibilidad de que el agua contenga algunas impurezas o químicos del tratamiento, que puedan ingresar al producto en pequeñas concentraciones. Problemas potenciales en los empaques relacionados con tintas, plastificantes, colorantes y otros contaminantes potenciales no están necesariamente relacionados con el producto en sí pero son tangenciales al mismo, lo que en retorno genera preguntas acerca de la integridad del producto. REPORTES DE CONTAMINANTES DEL USGS Y CDC Los informes más recientes del USGS y CDC sobre contaminantes químicos proveen una visión general de algunos químicos específicos de interés, que las empresas de alimentos deberían conocer cuando realicen su análisis de riesgo:
La realidad es que existe un número cada vez mayor de químicos de preocupación potencial para las empresas de alimentos, y por lo tanto, una mayor presión en todas las organizaciones consideradas en la cadena de abastecimiento y distribución para que afronten o hagan planes para lidiar con estos contaminantes Conforme los avances en la metodología analítica permiten límites de detección cada vez menores – de nanogramos a picogramos en tejidos, alimentos y muestras de agua – y conforme la evaluación de riesgos humanos y ecológicos se van acelerando, el reto de determinar qué químicos, del abanico existente, son peligros reales, se hace más difícil. Adicionalmente educar y comunicar el riesgo a los consumidores de manera eficiente se hace más importante: cuando un consumidor escucha que hay un químico en un producto alimenticio, las sutilezas de que el mismo está en muy poca concentración o es de bajo riesgo normalmente no se escuchan; en lugar de ello, asumen automáticamente que el químico va a tener efectos adversos en su salud y en la de sus hijos. FORMULANDO UNA REACCIÓN AL RIESGO Los contaminantes químicos emergentes de interés para la industria alimentaria normalmente caen en tres grupos: químicos conocidos que han generado nuevas preocupaciones, químicos desconocidos de interés, y químicos marcados por las agencias regulatorias y de salud como de peligro potencial que requieren mayor investigación. Nuevas preocupaciones de químicos conocidos: Contaminantes químicos conocidos como los pesticidas y metales pesados, que ya han sido previamente evaluados, pueden re-emerger con nuevos problemas años después cuando se cree una nueva aplicación o producto. Dado que es previsible que estos químicos conocidos vuelvan nuevamente, las empresas de alimentos deben tener un buen conocimiento de estos químicos, y saber qué niveles de uso o aplicaciones de éstos pueden tener en sus negocios. El benceno es un ejemplo que ilustra como nuevas preocupaciones se generan a raíz de un químico conocido. El benceno, un carcinógeno conocido con un nivel máximo de contaminación de 5 ppb establecido por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), ha diseminado su uso a nivel industrial, y está en el puesto 20 de los químicos industriales de mayor volumen de producción. Está presente en la mayoría de productos para los consumidores fabricados con componentes refinados de petróleo, y es usado en la producción de plásticos, resinas y fibras sintéticas, así como en la fabricación de caucho, lubricantes, tintas, detergentes y drogas. ¿Por qué el benceno está emergiendo como un problema potencial nuevamente para los fabricantes de productos para los consumidores, particularmente en la industria de bebidas, a la luz de repetidas afirmaciones de la Administración de Alimentos y Drogas de los EEUU (FDA) que los niveles de benceno en la gran mayoría de bebidas investigadas por la agencia habían medido menos de 1.5 ppb? Una de las principales razones es que las preocupaciones previas con este químico conocido se enfocaban en la exposición humana frente a la industria petroquímica, dado que el benceno es parte de la gasolina en un 0.5 a 3.5%. Sin embargo, la realidad es que el benceno es usado en un sinnúmero de aplicaciones, incluyendo muchos productos petroquímicos diferentes a la gasolina, entonces su inclusión en otros productos, aunque no intencionada como resultado final, ocurrirá si procesos productivos posteriores no lo eliminan a través de la refinación. De esta manera, el benceno se detecta en tintes, resinas, materiales de empaque o solventes debido a que éste llega al producto como una impureza, un precursor o un contaminante secundario. Entre las nuevas preocupaciones relacionadas a la exposición por benceno hay recientes estudios que indican que el químico puede ser más tóxico de lo que actualmente ha sido considerado por las agencias regulatorias. El interés en la exposición al benceno se ha expandido en los últimos años por la población que utiliza productos que contienen niveles trazas de benceno. Adicionalmente, el benceno es el químico de mayor crecimiento en litigaciones por agravios tóxicos, luego de los asbestos. Las nuevas preguntas alrededor de este químico son: ¿Es este más tóxico ahora por alguna razón, y existe una mayor dosis de exposición que puede causar alguna implicancia en la salud de las personas? El resurgimiento del benceno como un problema de contaminación refuerza la necesidad de las compañías de hacer un compromiso en buscar químicos conocidos para identificar aquellos que muy probablemente se vuelvan nuevamente un problema. Las empresas de alimentos deben comparar los límites regulatorios existentes para cada químico conocido de interés, frente a lo descubierto por la ciencia a fin de determinar el nivel de protección entre lo que establece la regulación y lo encontrado por la ciencia. Cada uno de estos pasos adiciona todo un nivel de percepción del riesgo para la empresa, especialmente en aquellos casos donde no hay datos numéricos absolutos o medidas. Químicos desconocidos en el horizonte: qué pasa con aquellos químicos desconocidos, cuyos nombres nunca se habían escuchado, hasta que algún estudio u organización de repente informa que son los contaminantes más revolucionarios ¿De dónde vienen estos contaminantes, y cómo la industria puede estar preparada para afrontar este riesgo potencial que no esperaba? El primer paso es buscar la mayor cantidad de información. En los EEUU, la USGS y el CDC han estado realizado por muchos años, investigaciones muy extensas de contaminantes en suelos, agua, alimentos, tejidos y muestras sanguíneas. Esfuerzos similares han sido realizados por Canadá y Europa. Estos esfuerzos de investigación científica son el primer medio por el cual estos nuevos químicos de interés son introducidos a la industria como amenaza potencial para el negocio. Los investigadores gubernamentales están recolectando una extensa gama de muestras del medio ambiente y de alimentos como monitoreo, y llevando a cabo subsecuentes análisis para determinar qué químicos o compuestos están siendo detectados (Ej. un análisis GC-MS de una muestra de alimento para ver los materiales orgánicos presentes y sus niveles pico). De estos análisis de campo los investigadores vieron picos de materiales que no pudieron ser identificados, y en la búsqueda de su identificación han encontrado de manera constante estos nuevos químicos de interés, incluyendo materiales perfluorinados y brominados, que ahora están bajo la lupa por las agencias regulatorias. La segunda manera en que la industria puede estar informada acerca de estos nuevos químicos de interés es mantenerse al día de las listas gubernamentales más recientes y listas de evaluación científica que contienen contaminantes orgánicos persistentes (POPs) y contaminantes persistentes, bioacumulativos y tóxicos (PBT), como el éter difenil polibrominado y compuestos perfluorinados. Estos son los químicos que representan un futuro reto a la industria y que actualmente están bajo una intensa evaluación en Europa y Canadá, de los cuales los últimos se encuentran a punto de completar su priorización en la lista nacional de sustancias domésticas (DSL), según sus características físico-químicas, degradabilidad, bioacumulación potencial y toxicidad. Los materiales POPs son toxicológicamente:
Es lógico asumir que si estos materiales son detectados, aislados y caracterizados en los laboratorios, muy probablemente, dependiendo de su uso y aplicación, los POPs y PBTs serán eventualmente detectados pasando por los sistemas de tratamiento de agua o en el medio ambiente por bioacumulación y a lo largo de la cadena alimentaria. El enfoque canadiense al re-evaluar los compuestos de la DSL se centra en priorizar todos aquellos compuestos químicos según su toxicidad, bioacumulación potencial y persistencia. Primero Canadá identificó aquellos químicos de mayor riesgo desde la perspectiva medio ambiental y de la salud de las personas, y ahora se encuentra en el proceso de realizar una evaluación del riesgo para determinar si se requiere establecer restricciones para el uso de estos químicos. Luego de identificar los químicos más persistentes y tóxicos, el gobierno canadiense difundió a la industria, la lista inicial de sustancias y su clasificación (puesto), promoviendo a la industria para que provean mayor información acerca de algunos químicos que ellos consideren están mal clasificados, comprometiéndose a re-evaluar aquellos señalados. Este enfoque lógico y científico para clasificar el riesgo de los químicos con problemas ha generado una muy buena lista que las empresas de alimentos pueden acceder y considerar en términos del comportamiento de estos materiales en el medio ambiente. Asuntos regulatorios emergentes: dentro de los asuntos regulatorios emergentes de los cuales la industria debe estar al tanto, los tres más saltantes son - la salud de los niños, los químicos que interrumpen la actividad endocrina (EDCs) y la nanotecnología. Salud de los niños: Evaluación de la susceptibilidad en edades tempranas. Estudios de la susceptibilidad en edades tempranas han mostrado cambios en la sensibilidad frente a los químicos que varían con la edad. Aunque algunas industrias han intentado prepararse ante cualquier implicación potencial en esta materia, aún están a la espera de ver qué pasa a grandes escalas. De cualquier forma, se les sugiere a estas compañías que sigan vigilando los desarrollos en esta área para ver si tienen que modificar algo en el diseño del producto o hacer alguna sustitución. Químicos que interrumpen la actividad endocrina (EDCs). La agencia de protección medio ambiental ha puesto en la mira 87,000 químicos para hacer pruebas de EDC – un número que afecta virtualmente a toda la industria de manufactura. Hace cinco años, muchos científicos predijeron que la detección de EDCs en los alimentos y agua forzaría a la industria a sacar muchos productos del mercado. Sin embargo, un alto potencial de falsos positivos durante la investigación limitaron la capacidad de afectar regulaciones futuras. A la fecha, el asunto de los EDC es un gigante durmiente. Conforme se conozca más acerca de las fuentes, rutas e implicancias para la salud de los EDCs, se deja la posibilidad para el desarrollo de futuras regulaciones. Mientras tanto, se recomienda que la industria trabaje en la medida de lo posible, para encontrar químicos o productos alternativos para reducir el riesgo. Nanomateriales: la nanotecnología ha generado discusiones significativas sobre sus beneficios potenciales en muchas aplicaciones de productos para los consumidores, pero aún existen muchos aspectos desconocidos en términos de riesgo, que la nanotecnología podría generar en un largo plazo. Los nanomateriales son materiales nuevos creados por la ingeniería a niveles atómicos que son <100 nm en tamaño (en comparación con un cabello humano, que es ̴ 80,000 nm), lo que implica propiedades únicas basadas en la física cuántica y grandes áreas superficiales. Aunque los nanomateriales usualmente se discuten como un único material, los mismos en una nanoescala en realidad comprenden o se refieren a un tipo de tecnología que puede ser usada en muchos campos. De esta manera, la tecnología no solo tendría diferentes implicancias medioambientales sino también diferentes procesamientos e implicancias en la salud de las personas dependiendo de su uso y los tipos de químicos utilizados a nanoescala. Los peligros de potenciales del uso de la nanotecnología incluyen a la reactividad (Ej.: problemas potenciales sobre cómo se comporta tanto en términos de interacción química con otros materiales o químicos y cómo se mueve en el medio ambiente y/o las personas), así como el potencial de la nanoescala de incrementar la biodisponibilidad de contaminantes químicos, y su trasporte y movilidad en el medio ambiente. De manera similar, las partículas a nanoescala pueden penetrar barreras biológicas y son capaces de alcanzar profundas rutas respiratorias en los pulmones, creando una ruta de exposición que no podría haber existido cuando se utiliza el químico en una misma aplicación pero no a una nanoescala. EL IMPACTO DE REACH Uno de los grandes cambios asociados con la regulación internacional de químicos es la regulación REACH de la Comunidad Europea (Registro, Evaluación y Autorización de Químicos), y cómo las compañías responderán a los esfuerzos requeridos para recolectar datos adicionales. La legislación REACH de la CE solicitará a los fabricantes, importadores o usuarios posteriores, a registrar sustancias químicas y a desarrollar expedientes técnicos que provean datos por cada peligro y exposición al mismo. Con mayores requerimientos de registro a mayor tonelaje. La agencia europea química publicará una lista de sustancias clasificadas, por ejemplo, como PBT (persistente, bioacumulativa y tóxica) y conducirá evaluaciones de riesgo y tomará decisiones para gestionar el riesgo sobre estas sustancias. Los potenciales problemas de REACH para la industria incluyen (Ej.: investigación y desarrollo, costos de análisis, registro, costos de reformulación); reducción en la disponibilidad de productos dado que algunas sustancias no van a contar con soporte; y el requerimiento de las sustancias que cumplen a REACH que resultarían en la restricción y prohibición de uso de algunos productos, lo que afectará y cambiará las prácticas y posiciones del mercado. Esta nueva regulación de la CE está teniendo inmensas repercusiones a lo largo de todas las industrias a nivel mundial, debido a que REACH forzará a los proveedores a que saquen productos del mercado. Esto no necesariamente generará un temor por la regulación en sí, sino por el impacto económico de esta regulación ya que su implementación cambiará lo que las empresas puedan poner en sus productos o usar al momento de manufacturarlos. En los últimos cinco años, las empresas de productos químicos han tenido la oportunidad de proveer información adicional y asistir en estas continuas evaluaciones. Ahora que la fecha límite de registro se acerca, los proveedores de químicos han finalizado sus listas de químicos que permanecerán en sus portafolios, haciéndolas bastante cortas. Conforme se conozca más sobre los productos que permanecerán en el mercado y aquellos que se eliminarán debido al REACH, las empresas de alimentos serán más capaces de determinar si es necesario reformular sus productos en el caso de que algunos de los ingredientes que utilizaban ya no estén disponibles o no estén disponibles en el formato que normalmente fueron usados. Como se señaló, las implicancias de REACH van más allá del sector de la industria química. Esto también afecta a los clientes posteriores en la cadena y a cualquier negocio que esté comprando materiales o ingredientes para productos dirigidos a los consumidores. Las empresas de alimentos, por ejemplo, como usuarios posteriores de los ingredientes, son responsables bajo REACH por aquellos ingredientes que van en sus productos finales. Como las empresas de productos químicos, las empresas de alimentos se encargarán de priorizar aquellos químicos que realmente necesiten y aquellos que no, y a desarrollar alternativas que puedan ser aceptables, desde el punto de vista de calidad del producto y la factibilidad económica. Y, como muchas otras industrias que luchan por lidiar con las implicancias de largo alcance del REACH, en cadenas de abastecimiento que se superponen, la industria de alimentos se deberá centrar en cómo la regulación va a afectar sus negocios en términos de cargas financieras adicionales asociadas con el incremento de los análisis en los programas de verificación. Finalmente, la mejor herramienta para las empresas de alimentos es identificar y priorizar los riesgos que implican los contaminantes químicos emergentes, al momento de establecer medidas de prevención, mitigación y/o control que conllevará al mejor nivel de protección alimentaria. Manteniendo un buen conocimiento, a nivel laboral, de los últimos estudios toxicológicos e iniciativas regulatorias en materia de contaminantes químicos emergentes, y entendiendo la composición e interacción de los alimentos, materiales que van en contacto con los alimentos y los químicos emergentes, les permitirá evaluar el riesgo de mejor manera y desarrollar planes de control de químicos que tengan sentido para sus negocios y sus consumidores. |
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